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HAY QUE RECUPERARNOS


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Hoy en día, la incertidumbre luego de la crisis provocada por la pandemia golpea al mundo y de manera muy alarmante a nosotras las mujeres. América Latina y el Caribe enfrentan desafíos estructurales con décadas de antigüedad: bajos niveles de productividad y salarios, alto grado de informalidad, gran desigualdad y una alta dependencia a la exportación de recursos naturales. Necesitamos potenciar las inversiones, mejorar los vínculos, priorizar la resiliencia.

 Los desafíos tras la pandemia

Hoy en día, la incertidumbre luego de la crisis provocada por la pandemia golpea al mundo y de manera muy alarmante a nosotras las mujeres.  América Latina y el Caribe enfrentan desafíos estructurales con décadas de antigüedad: bajos niveles de productividad y salarios, alto grado de informalidad, gran desigualdad y una alta dependencia a la exportación de recursos naturales. Necesitamos potenciar las inversiones, mejorar los vínculos, priorizar la resiliencia. Para hacer un análisis más amplio hemos recurrido al documento La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe 2021, que viene a ser parte del informe anual de la CEPAL examina la evolución mundial y regional de la Inversión Extranjera Directa.

Se destaca que las relaciones de inversión pueden ser más complicadas si los países deben decidir entre alinearse a China o Estados Unidos, o con empresas de uno u otro origen, por ejemplo, a la hora de construir la infraestructura digital. Los países de la región enfrentan un escenario en que es preciso replantearse cuál es la mejor forma de negociar la participación de las empresas chinas, con qué herramientas hacerlo y qué modalidades debe adoptar dicha participación.

 

Sin embargo. el proceso de recuperación de América Latina y el Caribe de la pandemia de COVID-19 es una oportunidad de iniciar una nueva etapa en las relaciones económicas y de elaborar políticas que aseguren que las inversiones contribuyan a construir capacidades productivas en los países receptores, a establecer vínculos con proveedores locales, a generar empleo y a promover el desarrollo sostenible. La multilateralidad debe formar parte de esta aproximación estratégica.

 

Otra variable importante son los planes de recuperación implementados por varios países. En economías avanzadas (Unión Europea, Estados Unidos) los planes de recuperación se enfocan en el desarrollo de infraestructura física y digital, así como la inclusión de energías renovables, lo que puede generar nuevos flujos de inversión hacia los sectores involucrados. Sin embargo, en muchos países en desarrollo, los planes se concentran en medidas para resolver situaciones de emergencia económica y social, y realizar transferencias a los agentes económicos de menor tamaño y a los sectores sociales más vulnerables. En 2020, en un contexto de grave crisis económica, sanitaria y social, los flujos de entrada de la IED registraron una pronunciada caída y llegaron a 105.480 millones de dólares, un valor que es un 51% inferior al que se había alcanzado en 2012.

 

Las perspectivas para 2021 son bastante complejas. El contexto internacional sugiere que los flujos mundiales de IED (Inversión Extranjera Directa) tendrán una recuperación lenta y las operaciones de las transnacionales se orientarán más hacia los países desarrollados y Asia. Los primeros meses de 2021 no dan cuenta de una recuperación a nivel mundial y esto es coherente con las estrategias de muchas transnacionales que, pese a la liquidez disponible, prefieren concentrarse más en construir una mayor resiliencia que en generar nuevas inversiones. América Latina y el Caribe se enfrentan a desafíos extremadamente grandes. La recuperación económica será parcial y, en paralelo, debido a los mejores precios de las materias primas y al aumento de demanda.

En este sentido, se estaría retomando un modelo económico que no ha sido capaz de garantizar un aumento sostenido del PIB y de la productividad a lo largo del tiempo.

Por otro lado, durante la pandemia, la transformación digital ha experimentado una fuerte aceleración. Para América Latina y el Caribe esto significó un mayor grado de consumo; pero a la vez una marcada marginalidad en el ámbito de la producción. La región tiene más usuarios de Internet que Estados Unidos y es el segundo mercado de comunicaciones móviles de mayor crecimiento en el mundo; pero al mismo tiempo, registra una gran desigualdad en el acceso a conexiones de alta velocidad. Esto se aprecia sobre todo en la limitada adopción de tecnologías digitales en las áreas rurales y las pymes frente a la acelerada digitalización de las zonas urbanas y de las grandes empresas.

 

Como herramienta para el crecimiento económico y la inclusión social, la digitalización presenta oportunidades sin precedentes, pero las condiciones estructurales de América Latina y el Caribe limitan sus potenciales beneficios y podrían generar mayor exclusión e inequidad distributiva. En este sentido, las medidas para acelerar los procesos de adopción e incorporación de tecnologías digitales deben estar en concordancia con planes integrales de desarrollo que no pueden basarse en recetas estandarizadas.

 

Por otro lado, la irrupción de las plataformas digitales y los nuevos modelos de negocio basados en el manejo de gran cantidad de información y los movimientos transfronterizos de datos obligan a repensar y actualizar cómo funciona la competencia, ya que las metodologías tradicionales para detectar y controlar conductas monopólicas o abusos han quedado obsoletas.

 

Las grandes empresas tecnológicas pueden ejercer control sobre las dinámicas de mercado a través de las fusiones y adquisiciones, así que puede resultar útil que las instituciones públicas apoyen el desarrollo del mercado de los datos regularizando sus mecanismos.

 

Otras soluciones que puede ser útil analizar desde una perspectiva regional son la creación de plataformas de intercambio de datos, la generación de operadores especializados dedicados a la creación de mercados de datos y la promoción de cooperativas de datos.

 

Por último, los modelos de negocio presentes en la economía digital plantean significativos retos a la política tributaria de los países. Esto ha obligado a la adaptación de las modalidades tributarias tradicionales, así como a la puesta en marcha de iniciativas para la creación de modalidades ad-hoc de impuestos digitales, cuya presencia en países de la región se ha incrementado.

 

La factura de esta crisis la pagamos sólo los grupos más vulnerables. A pesar de todo, debemos recuperarnos, sí; pero primero debemos tratar de recuperar la autonomía sobre nuestros cuerpos y mentes para poder recuperar esta sobre nuestros territorios.

 

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA

La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe 2021, Informe anual de la CEPAL. Agosto, 2021. Link: https://n9.cl/kgb4i

 

 

 

 



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