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En Contextos de Alerta
Lunes, 31 de Julio de 2017 06:15

Gran parte de los últimos sucesos políticos que han atravesado nuestra región, tienen similitudes que se anclan a una misma matriz de origen.  Las “Marchas por la familia”, la campaña “Con mis hijos no te metas”, en países como México, Perú y Colombia, que reclaman un modelo exclusivo de familia compuesto por madre-padre-hijo/a; el recorrido de un bus naranja con mensajes transfóbicos por algunas capitales latinoamericanas; la propuesta del proyecto “Escola sem partido” en Brasil; son sólo algunas de las acciones que permean recientemente, la cotidianidad de la población. Si bien el debate apunta a espacios políticos –principalmente Ministerios de Educación-, también ha generado bastante opinión pública tanto en medios de comunicación, como en el común de la población.

Al buscar similitudes en todo este panorama, se encuentra un punto de convergencia que articula los principales discursos, argumentos, propuestas y acciones que caracterizan lo que podría denominarse una “cacería de brujas”, contra toda iniciativa que lleve consigo la palabra Género. Diferentes organizaciones defensoras de derechos humanos, han reaccionado a través de comunicados o acciones de incidencia para evitar que este tipo de agendas que desconocen los derechos de la población LGBTI, y de las mujeres; se materialicen en la adopción de políticas públicas que impiden avanzar en la construcción de sociedades más democráticas.

Perfilar los liderazgos de quienes están detrás de estas iniciativas es encontrar en la base una matriz de fundamentalismos religiosos que han comenzado a tener bastante injerencia en la agenda política de nuestros países. Sumado a ello, la articulación entre estos discursos y el despliegue de políticas neoliberales, que recortan presupuestos para la inversión social y abren la puerta para que las multinacionales a través de los proyectos extractivos saqueen nuestros territorios; dan como resultado un contexto bastante alarmante para el pleno ejercicio de la ciudadanía y un efectivo goce los derechos humanos.

 

Estos actores se mueven sigilosamente, saben jugar con la emocionalidad de la población apelando a lo que ellos denominan “crisis social”, producto de situaciones como “la pérdida de los valores sociales”, “la fragmentación de la familia”, o “la imposición de conductas no heterosexuales desde la niñez”. Entienden además que el escenario educativo es un medio estratégico para imponer sus agendas, pues tener el poder de determinar qué se enseña es la oportunidad de fijar las bases para la construcción de su proyecto político.

No es una novedad, que la escuela, desde mucho antes de entenderse como la materialización del derecho humano a la educación, ha sido nicho para la constitución de subjetividades. Teóricos como Michael Foucault, Pierre Bourdieu y François Dubet, han estudiado la relación individuo-educación y sus efectos en la dinámica social. Indudablemente, la educación es puerta hacia la transformación de realidades económicas, sociales, políticas y culturales; de ahí la importancia de mirar con alerta todo este reclamo educativo que sostienen sectores de ultraderecha para imponer sus agendas, desconociendo el principio de laicidad que se menciona en muchas constituciones de los países de la región.

La militarización de universidades y centros educativos en Honduras, la criminalización y represión contra sus estudiantes; la judicialización de hombres y mujeres jóvenes retenidos en centros penitenciarios de Colombia como falsos positivos judiciales; el recorte presupuestal para políticas educativas en Argentina; la fuerza que está teniendo el proyecto “Escola sem partido”, para evitar que profesoras y profesores puedan dictar libremente sus cátedras en Brasil; las masivas marchas contra las familias diversas en distintos países de la región; son sólo algunas de esas pinceladas que nos ubican en posición de alerta como la Red de Educación Popular entre Mujeres.

Hoy más que nunca, nuestro trabajo por la defensa de una educación liberadora, amplia, plural, diversa, sin sexismo, anti discirminatoria y hacia la transformación; es más pertinente que nunca. El llamado es a continuar alertas a través de la incidencia internacional que desarrollamos para evitar que estos sectores continúen acaparando los puestos de la sociedad civil en espacios de relevante importancia política como las Naciones Unidas, o la Organización de los Estados Americanos. Pero de igual forma desde las acciones de base que desarrollamos, sembrando conciencias críticas en aquellas comunidades y procesos que acompañamos. De igual forma, es un llamado para continuar abriendo camino en sociedades donde todas y todos podamos ejercer nuestros derechos humanos sin represión alguna.