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La constante situación de alerta desde la que se asume la existencia femenina
Martes, 06 de Junio de 2017 20:41

Las estructuras patriarcales han permeado cada rincón de nuestra cotidianidad. La constante situación de alerta desde la que se asume la existencia femenina, es reflejo de este problema estructural que se fundamenta en relaciones de poder desiguales entre géneros. La sensación de estar expuestas a algún tipo de violencia se da tanto al interior de nuestras casas, como en la calle. Hemos habitado y percibido los espacios de manera distinta, generando estrategias de autocuidado y autodefensa, creando redes de amigas para “avisarnos al llegar”, enviarnos la placa del taxi, analizando la calle más iluminada, cerciorándonos que nadie nos siga camino a casa, siendo conscientes del alto riesgo que tenemos no sólo a delitos como el hurto, sino a la violencia sexual y feminicida.

Ningún lugar parece escaparse de esta planeación estratégica que hacemos al transitar. Esta fue una de las reflexiones más comunes entre mujeres y feministas que se pronunciaron tras el feminicidio de Lesby Orozco Martínez, una joven de 22 años encontrada muerta al interior de la Universidad Autónoma de México, una de las universidades más destacadas de Latinoamérica, desde la que se han dirigido investigaciones y desarrollado procesos de intervención para hacer frente a las violencias basadas en género.

 

El feminicidio de Lesby es la punta del iceberg de un cúmulo de violencias que enfrentan las mujeres al interior de las universidades, y que son perpetradas por estudiantes, contratistas, visitantes y docentes. Casos que se silencian por lógicas de poder que trascienden el género y se respaldan además en elementos de estatus, pues muchos profesores no sólo son reconocidos al interior de las universidades, sino que cuentan con respaldo fuera de ésta, para escudar su comportamiento, obstaculizar el proceso de denuncia e intimidar a sus víctimas.

Como respuesta a toda esta situación, colectivos y grupos de mujeres se han organizado al interior de las universidades para visibilizar y denunciar el acoso, intimidación y agresiones que se viven dentro de los campus. Lastimosamente, una vez más tuvo que suceder otro feminicidio, para comprender que la violencia misógina es evidente y que ni si quiera el espacio académico está exento de prácticas patriarcales.

Es ineludible que las directivas universitarias asuman un mayor compromiso frente a las violencias basadas en género, para responder de manera efectiva a los casos que se presentan dentro y fuera de las aulas. Una de esas medidas es la implementación de oficinas, secretarías o departamentos que cuenten con personal sensibilizado y capacitado para atender casos de violencia, garantizando atención psicojurídica, sanción para el agresor y promoción de campañas que lleven a la reflexión al interior de la comunidad universitaria para erradicar prácticas, discursos e imaginarios machistas.

La promoción de la igualdad de género y la erradicación de las violencias que enfrentan las mujeres, no puede continuar siendo considerado un asunto de reflexión exclusivo de las ciencias sociales y las humanidades. Las universidades, como centros de pensamiento y construcción de aportes dirigidos a la transformación social, no pueden continuar silenciando, normalizando y justificando las violencias basadas en género. Y ello requiere tanto de la elaboración  y funcionamiento de rutas para garantizar el acompañamiento en la restitución de los derechos vulnerados, como la promoción de campañas para sensibilizar y la necesidad de asumir un compromiso colectivo en la erradicación de estos casos; como lo es la creación de cursos obligatorios que generen reflexiones ante las problemáticas de género.

Una vez más se evidencia la necesidad de implementar una educación no sexista al interior de los espacios de educación formal. Desde la REPEM, nos sumamos a los gritos que con rabia y dolor, hicieron eco en los pasillos de la UNAM, el pasado 5 de mayo; para reclamar justicia y cese a la violencia misógina que es reproducida por las mismas instituciones del Estado, quienes nos siguen ubicando en la posición de victimarias ante la violencia feminicida. Exigimos la adopción de medidas concretas y efectivas para hacer frente a la ola de violencias que enfrentamos las mujeres en la región. ¡Nos queremos vivas, libres y sin medo!